Me sorprende recordar con tanta nitidez los días en el parque al lado de la clínica donde mi hermana y yo acudíamos al médico frecuentemente; descendíamos las escaleras tomadas de las manos de mis padres, la entrada cubierta de grandes árboles y nosotras, ansiosas como siempre, corríamos hacia los juegos mientras ellos seguían el descenso hacía la entrada de la clínica. Mi mirada tan automática, ansiaba ver esa gran jaula situada atrás de la resbaladilla que tenia enormes aves multicolores, su belleza era tan cautivadora que me olvidaba del tiempo por completo, sólo las risas de los niños lograban sacarme de ese mundo colorido. Entonces, corría hacia la resbaladilla, mi hermana ya había subido una 10 veces mas o menos y yo apenas iba arrancando; después disfrutábamos los columpios impulsándonos cada vez más fuerte con el propósito de llegar lo más alto posible, pasábamos a otro juego que no recuerdo su nombre, pero era similar a un círculo seccionado en partes igual con un manubrio en medio al que teníamos que impulsar para que girara lo más rápido posible, total que como siempre, la cobarde de mí, se bajaba por el terror a la velocidad, cosa que mi hermana disfrutaba enormemente; a lo lejos, se dejaba escuchar un característico silbido, que hasta la fecha practico cuando salgo con mi perra al parque y claro! Cuando encuentro esas pequeñas hojitas verdes que doblas por la mitad y soplas fuertemente en tu boca para que emita su peculiar sonido: el típico silbido de globero, y así era, el globero iba llegando al parque, corría hacia él y dentro de su mundo multicolor, le pedía un enorme globo de color azul, que al contacto con los rayos del sol, engrandecían su tonalidad y transparencia, y a colación de todo esto, lo que me sigue sorprendiendo y me resulta inexplicable hasta la fecha, ¡la enorme agilidad con que entregan un globo! ¡No se confunden con tantos hilos!
Pero no nos salgamos del tema, continuando con la historia del parque finalmente, llegábamos al juego frustrante, y digo frustrante pues hasta la fecha ambas no hemos sabido lo que significa divertirse en “el sube y baja”, ya que como la constitución física de mi hermana era delgada y la mía robusta y que hasta la fecha continuamos repitiendo el esquema, nunca logramos disfrutarlo; Así es, en cada intento, a cada momento que estuviéramos en este parque o el algún otro, nos enfrentábamos a la misma problemática y concluíamos lo siguiente: “el sube y baja” no se hizo para nosotras; Lo único que lograba rendirnos era la risa de permanecer ella arriba y yo abajo, y hoy día, como buenas necias frustradas, cada vez que vemos un “sube y baja”, lo intentamos de nuevo, y de nueva cuenta la risa es lo único que nos hace desistir. Qué días aquellos en el parque...
Pero no nos salgamos del tema, continuando con la historia del parque finalmente, llegábamos al juego frustrante, y digo frustrante pues hasta la fecha ambas no hemos sabido lo que significa divertirse en “el sube y baja”, ya que como la constitución física de mi hermana era delgada y la mía robusta y que hasta la fecha continuamos repitiendo el esquema, nunca logramos disfrutarlo; Así es, en cada intento, a cada momento que estuviéramos en este parque o el algún otro, nos enfrentábamos a la misma problemática y concluíamos lo siguiente: “el sube y baja” no se hizo para nosotras; Lo único que lograba rendirnos era la risa de permanecer ella arriba y yo abajo, y hoy día, como buenas necias frustradas, cada vez que vemos un “sube y baja”, lo intentamos de nuevo, y de nueva cuenta la risa es lo único que nos hace desistir. Qué días aquellos en el parque...
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